LAGUNA DE TÉRMINOS

Área de Protección de Flora y Fauna
Campeche, México

Historia

Laguna de Términos
Amanecer cultural de la región
Ascendencia Maya-Chontal
Laguna de Piratas
La irrupción hispánica del sistema mundo – tinte embarcado en palo

Laguna de Términos


En el año 1518, una expedición ibérica al mando de Juan de Grijalva bordeaba las costas del nuevo mundo. Al encontrarse en lo que hoy conocemos como Isla del Carmen, el vigía Antón de Alaminos la llamó Isla de Términos, pues creyó haber encontrado el límite de la tierra que ellos habían descubierto(Taboada en Vadillo: 2003, p.122.). En ese mismo instante también le dio nombre a las aguas que delimitan la isla. Actualmente, tal como en el siglo XVI, a esa región le llamamos Laguna de Términos.


Amanecer cultural de la región

La ocupación de la Isla del Carmen data del año 500 a.C. (Eaton y Ball: 1978). En el sitio de Ensenada Grande las investigaciones arqueológicas han encontrado materiales relativos al período formativo tardío.

Hay datos que indican un clima favorable para los asentamientos humanos en esta zona, durante el preclásico tardío (entre los siglos 700 al 100 a.C.). Esto permitió la ocupación de algunas zonas al oriente y occidente lagunero, entre ellos los sitios de Tixchel y Xicalango (Álvarez: 1995, pág. 21).


Ascendencia maya-chontal

Los vestigios arqueológicos anuncian que en los primeros años de la era cristiana, la cultura Maya se hizo presente en las tierras de Campeche. Los mayas ocuparon territorios en lo que hoy conocemos como Guatemala, Quintana Roo, Chiapas, Yucatán, Tabasco y Campeche.

Los cacicazgos mayas que se registran en el territorio del Estado de Campeche fueron Ah Canul, Can Pech o Ah Kin Pech (de donde deviene Campeche) , Chakamputún, Tixchel y Acalán (estos dos últimos en la actual región de Sabancuy y territorios aledaños que bordean la Laguna de Términos hacia el río Candelaria)(idem, p.14).

El vocablo can significa serpiente y pech garrapata. La conjunción de ambos parece referirse a uno de los templos del cacicazgo Ah Kin Pech, construído sobre una plataforma cuyas esculturas eran serpientes con una garrapata en la cabeza. Se trata de una representación mítica. De un animal totémico. Exiten versiones que señalan que este símbolo se refiere al Señor Sol Garrapata. De todos modos, los españoles entendieron "kan Pech", cambiando radicalmente la significación (incluso en lengua maya) hacia “lugar de serpientes y garrapatas”.

La cultura maya precolombina duró alrededor de quince siglos. Alcanzó un gran desarrollo y su magnificencia ha quedado testimoniada por sus conjuntos piramidales. Sin embargo, el colapso de esta cultura -al parecer repentino-, sigue envuelto en el debate. Y existen estudiosos que sostienen que estuvo relacionado con fenómenos climáticos (Álvarez: Op cit).

Esta cultura se dedicó a la agricultura (maíz, frijol, calabaza, chile, cacahuate, cacao, tabaco, achiote...), a la cacería ( guajolote de monte, antílopes...) y a la pesca. La siembra la realizaban a través del sistema "roza" o "milpa". Para esto, la lectura del clima era fundamental dada la propensión que esta zona sufre hacia las inundaciones. Los aprovechamientos silvícolas se dirigieron hacia el caoba, guayacán, palo de tinte cuyo nombre en lengua es ek (también asociado a la luna) el ciricote, canisté, el chicozapote, cedro y henequén entre otros.

Asimismo, el conocimiento del hábitat en que se desarrollaban los dotó de un sistema hidráulico que dejó rastro en las construcciones de prolongados canales. El comercio tuvo una dinámica intensa que integraba objetos cuya manufactura estaba regida por caparachos de tortuga (muchas de ellas de carey que utilizaban para peinetas y otros artículos), plumas y otros recursos naturales de la zona.

La toponimia del área que comprende la actual región de Laguna de Términos aún conserva elementos que emergen de su pasado precortesiano, es así como el Municipio de Champotón (comprendido dentro del cacicazgo de Chakamputún, cuyo significado quiere decir sábana del pacífico o del hombre tranquilo) aparece en la mítica religiosa como el sitio donde se alejó Kukulkán y se considera el lugar de penetración de la inmigración tolteca o de los itzáes. Se ha registrado que en los mares que bañan dicho Municipio se encontraba un islote artificial donde se veneraba al dios de la pesca, contando con una torre en la cual se colgaban múltiples cabezas secas de grandes pescados. Las crónicas narran que esta región llevaba una sólida actividad pesquera donde “cada día salían más de dos mil canoas a pescar y volvían cada noche” (Justo: 1998, p. 16). Por otro lado el cacicazgo de Tixchel comprendía poblados como el del mismo nombre, Chekubul y de Laguna de Términos. El cacicazgo de Acalán, cuyo nombre significa lugar de canoas, formaba parte del cacicazgo arriba mencionado, donde se encuentra Itzamkaná, lugar donde -a decir de algunos autores- Cortés dio muerte a Cuahutémoc y el señor de Tacuba, Tetlepanquetzal, en el año de 1526. Hernán Cortés en sus relaciones señalará sobre la región que “[…] estaba rodeada de esteros, y todos los mercaderes de ella salían en canoa a la bahía de Términos para sus contrataciones con Xicalango [actual península de Atasta] y Tabasco” (idem, p. 17). De Xicalango se ha afirmado que servía como puerto y que incluso para el siglo XVI sirvió como de bastión mexica donde se recibían los tributos regionales del imperio.

En esta sección creemos conveniente resaltar que la organización social de la cultura maya tuvo una elaboración sumamente jerarquizada, donde la clase religiosa y política gozaba de prestigio y poder sustantivo en comparación al resto de la población. Es por tanto que si bien la distribución de la riqueza no se concebía como en el sistema capitalista de reproducción social, el ejercicio del poder de una aristocracia dominante ponía límites y alcances a quienes estaban fuera de esta, asignando de acuerdo a una cosmovisión trascendental la forma en que se debían de regir los aprovechamientos y usos de los recursos naturales. El pueblo maya clásico no se caracterizó por ser un pueblo guerrero, mas hay quienes sostienen que contaban con un sistema coercitivo ampliamente desarrollado, manifiesto en muy pocas estelas que representan escenas simulando ejercicios de poder claramente hostiles (Thompson: op cit).

Para el siglo XVI la transformación del esplendor maya del periodo clásico había cedido su lugar a nuevas manifestaciones culturales paralelas durante dicho periodo; la distribución de población cuya ascendencia tiene vínculos con ésta se puede rastrear a través de las lenguas cuyo filum lingüísticos aún hoy día se sitúa dentro del tronco mayense, permeando todo el sureste mexicano y algunas culturas centroamericanas; es así como, a la llegada de los españoles, los chontales aparecían como habitantes de un amplio territorio en el que se incluía la Laguna de Términos. Su territorialidad material abarcaba desde la llanura costera del Golfo de México, del río Tortugero en el actual Estado de Tabasco hasta la población de Chencal, al sur del hoy día Campeche (de este a oeste). De norte a sur desde la costa hasta el poblado de Boquiapa al oriente, en el actual Municipio de Jalapa; en dirección este el límite se ampliaba hasta el sur de Jalapa para replegarse al norte de la laguna de Catazaja y extenderse hasta el sur de Tenosique. Sin rebasar el territorio nacional, la frontera pasaba por el Río San Pedro, al este de El Tigre, para después reducirse unos cuantos kilómetros hacia la costa y cerrarse al norte de Sahcabchen y Checan en Campeche. Existía una fragmentación geopolítica en entidades que -a decir de los conquistadores- eran provincias; éstas fueron conocidas como Acalán, Iztapa-Usumacinta, Xicalango, Copilco y Zahuatán-Chilapan (Izquierdo en Vadillo: 2003,pp. 72-73).

Los chontales, según Thompson, fueron un grupo acometedor, fuertemente influenciados por sus vecinos de habla mexicana (chontal viene del náhuatl chontalli que quiere decir extranjero). Este grupo mayense, cuya capital residió indistintamente en Tixchel (Sabancuy) o Itzamkanac (Candelaria, actual Ejido de El Tigre), procedían del sur de Campeche y del delta de los ríos Grijalva y Usumacinta de Tabasco. Su lugar de origen tuvo una situación periférica con respecto al gran desarrollo del periodo clásico maya y hay pocas pruebas de que estuvieran al tanto de los grandes adelantos de sus vecinos del este y el noroeste en artes plásticas, arquitectura y astronomía, sin embargo se sabe que durante los periodos clásico tardío y posclásico surgió entre ellos una importante clase mercantil marina.

La etapa del primer auge cultural chontal en la región se da durante el periodo clásico tardío (600-900 dC) y está caracterizada por condiciones climáticas favorables en todo el Golfo de México, permitiendo el asentamiento alrededor de la Laguna de Términos que incluye zonas sumamente difíciles hacia el oriente y en suelos sódicos limitantes para el desarrollo de la actividad agrícolas .

Dentro de la Isla del Carmen se encontraban la villa de Dzabibkan y la aldea de Tenam. La “provincia” de Acalán estaba delimitada por el río Candelaria hasta Chancan (al norte del río La Malinche) era la más extensa de las “provincias” con aproximadamente 8,000 km2, contando con nueve aldeas, seis villas y un pueblo cuya densidad de población era de 1.36 habitantes por km2. Sus actividades productivas consistían principalmente en el aprovechamiento del palo de tinte, copal, pochote y cacao, lo que les daba una intensa actividad comercial que se caracterizaba por el corretaje pluvial (ibid). La abundancia de palo de tinte y la valoración comercial europea de este recurso asignarán el rumbo del futuro que la región y sus pobladores vivirán en los siguientes tres siglos.

Tomando en cuenta la interpretación del colapso climático-cultural del siglo X, los grupos chontales asentados en la Isla del Carmen habrían construido el sitio conocido como Los Guarixes (600 dC) que presenta material cultural del período clásico tardío. A partir de esta crisis ecológica, pese a que la Laguna de Términos continuó siendo un lugar de abundante tráfico marino, el sitio de Los Guarixes fue ocupado cada vez con menor índice de población hasta el siglo XIII. Después de un hiato cultural en el siglo XIV o XV, sus templos y adoratorios se volvieron a utilizar como lugares de paso, de actos rituales de pescadores y cazadores.

Al iniciar el periodo posclásico, cuando el clima se hace más adverso y disminuye la precipitación pluvial, los mayores asentamientos se dan en las zonas de mayor cantidad de agua como la península de Atasta, frente al sitio de Tatenam en la Isla del Carmen o en las cuencas de los ríos Chumpán y Candelaria. La cuenca del Candelaria y la península de Xicalango (Atasta) se caracterizan por continuar el desarrollo cultural chontal a partir del posclásico temprano y en adelante, cuando experimentaron su mayor auge. En relación con los asentamientos en la Isla del Carmen, además de las actividades domésticas y religiosas tradicionales, sus primeros pobladores deben de haber practicado la horticultura y la cacería limitada mientras recolectaron moluscos. En julio de 1612 Pablo Paxbolom, escribano del pueblo de Tixchel, bajo dominio español realiza una descripción de “los nombres y las cuentas de los pueblos de los magtunes que son chontales de Acalam” Entre los lugares bajo el control político de Itzamkanac (Candelaria) estaban Tatenam (donde se encuentra actualmente la Ciudad del Carmen); Boca Nueva (en el extremo este de la Isla del Carmen, donde ahora está el balneario Bahamita); y Puerto Escondido (la actual isla Aguada) (Aguilar: op cit).

Dentro de la cultura material de ascendencia maya-chontal precolombina todavía en pie en la región, podemos mencionar varios sitios arqueológicos tales como Xicalango, donde hay varios recintos habitacionales como los llamados Zapotal, Punta Gorda y Aguacatal. Asimismo en el extremo septentrional de la Isla del Carmen se encuentran montículos aislados hasta de ocho metros de altura que remiten a Los Guarixes. También existen al suroeste de Sabancuy rastros de una zona habitacional –por el tipo de cimientos encontrados- que sitúan Tixchel.



Laguna de Piratas

La región lleva entre su magia la presencia de hombres que surcaban los mares bajo banderas temerarias y valerosas cuyo fin era el asalto con racionalidad económica. Se ha dicho que si estos hombres hubieran establecido una nación en territorio americano, con todo el poder y arrojo que les caracterizaba, habrían sido una de las más fuertes de la historia, mas no habrían sido lo que fueron: piratas, indómitos bucaneros cuyas andanzas encausaron múltiples acciones, determinando incluso los primeros asentamientos europeos en la zona y que en nuestros días alimentan el imaginario histórico de la región.

Los mares de Campeche fueron testigos de la intensa actividad de los buques piratas desde mediados del siglo XVI hasta principios del siglo XVIII, contando con visitas de los más osados y grandes bucaneros de la época tales como Sir Richard Corandville, William Hawkins, John Hawkins -conocido por los españoles como Juan de Aquines-, Francis Drake el Halcón de los mares, William Parker, Henri Morgan, el Conde de Santa Catarina Jacobo Jackson, todos ellos ingleses, mas incluso cubanos como Diego El Mulato, holandeses como Cornelio Jol Pie de Palo, Rock Brasiliano, Van Horn, Abraham, Joseph Cornelius, flamencos como Laurent Graff Lorencillo, portugueses como Bartolomé, franceses como Lewis Scott, Gramont, Francois L’Olonois o Juan David Nau el Olonés así como marineros de astucia incomparable como Isaac Hamilton, John Bold, Vander Brull y Barbillas (Sierra: op cit, p. 41); los relatos y crónicas de sus actos van desde asaltos a buques mercantes hasta la toma de villas y aldeas por semanas enteras.

Desde el año de 1573 el gobernador de la provincia, Diego de Santillán, tenía conocimiento de que en Bakalar y en Laguna de Términos se encontraban dos establecimientos de piratas (B. Aguilar:2001, p.66), mas se sabe que piratas ingleses ocuparon la Isla de Tris y la sonda de Campeche desde finales de 1558, región marina por naturaleza más tranquila y abrigada de la zona, convirtiéndola en la más peligrosa obra de pirataje. Posiblemente los primeros piratas que visitaron la Laguna de Términos lo hicieron para refugiarse y esperar ocasiones propicias para atacar algún navío o población, mas su permanencia se consolidó gracias al palo de tinte.

Las tareas de piratería ocultaron el consentimiento oficial de la corona inglesa, pues recordemos que esta nación no contaba entonces con colonias productivas que fortalecieran la adquisición de materias primas, así pues, el principal beneficio capturado por las empresas era comercializado en este país al igual que en otros del norte europeo. Asimismo la piratería fue alimentada por una dinámica privada que gustaba de obtener riqueza de metales preciosos, principalmente oro y plata, mas la sorpresa acogió a los ingleses cuando el pirata John al llegar a puertos ingleses con un buque cuyo principal contenido era madera tintorea obtuvo grandes ganancias ya que la industria textil inglesa dependía de la obtención de colorantes, por lo que este maderable se convirtió en un elemento más de las andanzas bucaneras que, incluso, existió una amplia y recurrida comercialización en la Isla de Tris a buques visitantes europeos.

El pirata William Dampier dejó en sus relaciones de 1675 (Aguilar: 2003, pp 209-216) una descripción de la Laguna de Términos donde da cuenta de un número de aproximadamente 250 piratas asentados en la región con ascendencia inglesa, irlandesa y escocesa. Los hombres de la Laguna formaban grupos de diez personas y generaban formas de organización sumamente prácticas que permitían el corte de los árboles y la limpieza de los mismos para comerciar únicamente con el corazón del mismo (B. Aguilar: op cit, pp.pp. 66-67). Estas descripciones incluían un recuento de especies animales y vegetales que daban cuenta ya del amplio valor ecológico de la región, aunque la valoración principal de este visitante y de todos los que arribaran ahí desde entonces hasta nuestros días se concentrará en la económica. Asimismo señala como en la región existían un número singular de comunidades indígenas que habían huido de la dominación española y se refugiaban en las tierras de las selvas campechanas, mostrando mucha reticencia a ser descubiertos para lo cual eran sumamente móviles y se asentaban en lugares casi inaccesibles e inhóspitos. La exclusión en ese periodo de la historia latinoamericana no es necesaria retomarla, fue tan patente durante los tres siglos siguientes que desembocó en múltiples conflictos y revoluciones independentistas, mas es sabido que la población cuyos hombros cargaron con mayor fuerza el peso de dicho ejercicio de poder tenía rostro indígena y obscuro.

Pero el acceso al disfrute de los recursos de la región y los beneficios de su aprovechamiento en esos años no eran exclusividad de las comunidades originarias, pues para 1676 las cortes españolas informaban al virrey de la Nueva España que el comercio de palo de tinte había aumentado considerablemente en Europa, haciéndole saber que los piratas estacionados en Laguna de Términos vendían más quintales de madera que los que se exportaban por el puerto de Campeche, motivo adicional que fortalecerá las empresas de expulsión (Sierra: op cit, pag. 49).

Los primeros esfuerzos para desalojarlos se realizaron en el año de 1672 cuando una expedición del Puerto de Veracruz llevaba dicha encomienda, la cual fracasó; en 1680 otra expedición proveniente del puerto murado de Campeche, la cual incendió estancias, casas y madera de tinte, mas al salir dicha compañía los piratas reincidían en su actividad. Tuvo que pasar poco más de dos décadas para que la tercera expedición se llevara a cabo -encontrando alrededor de 600 personas arranchadas en Términos y Puerto Real- cuyo resultado fue la reconquista del área, más la consolidación de esta Isla por tropas hispanas no se lograba a causa del despoblamiento de la misma. Alrededor de 1707 hubo otro intento más los piratas volvían a repoblarla y hacer de las suya en alta mar y sus alrededores; la quinta y última expedición será en 1716, siendo exitosa y esta vez sin retirada de la tropa victoriosa, soportando los ataques subsecuentes de los bucaneros y resistiendo las inclemencias del tiempo bajo una novedosa estrategia, una construcción que llevará el nombre de Presidio del Carmen (idem, pp.60-64).


La irrupción hispánica del sistema mundo

Las únicas zonas de la región que no entraron en la conquista fueron la región de Acalán y la de Laguna de Términos junto con su Isla de Tris, pues los españoles sólo regresaron en esas fechas por necesidad

Tinte embarcado en palo

Una información dirigida al rey de España fechada en 1565 bajo la letra de Diego Quijada afirmaba acerca del palo de tinte que “[…] Hay de estos tanta cantidad que todas las costas de estas provincias, Yucatán [cuyo contenido incluía a Campeche] y en la de Tabasco y Nueva España que se pueden cargar cada año todas las carracas del mundo” (idem, pp 71-72). Cortés en sus Cartas de Relación señaló la existencia en la región de colorantes, con los que puede referirse a tintes de origen vegetal que los chontales de Itzamkanac y en general de toda la provincia de Acalám utilizaban (Vadillo:op cit pp.25-26) , mas los piratas fueron quienes divulgaron de facto la existencia de palo de tinte al establecerse en Laguna de Términos. Después del desalojo de las fuerzas bucaneras el Puerto del Carmen se convirtió en el principal exportador de madera de tinte de toda la región y fue su producto más importante en las relaciones comerciales hasta finales del siglo XIX.

La Haematoxylum campechianum o palo de campeche es una leguminosa cuyo tinte los indígenas utilizaban para teñir mantas y sus propios cuerpos en ceremonias rituales, que la industria textil europea tomó nota y aprovecho hasta la aparición de las anilinas. Su calidad consistía en que al ser hervido en grandes calderos, se concentraba en una pasta que servía para teñir de color negro o azuloso obscuro. Su hábitat es característico de la amplia red acuática, donde las ciénegas y pantanos le cobijan y ven crecer. Los cauces de los ríos Chumpán, Mamantel, Candelaria -cuya formación deviene de los Ríos San Pedro y Caribe que corren desde Guatemala hasta Laguna de Términos- el Palizada, San Pedro y San Pablo que se desprenden del Usumacinta, vieron navegar entre sus aguas embarcaciones que, por ejemplo el Palizada, soportaban hasta 50 toneladas del producto maderable, encontrando a su paso establecimientos de corte conviviendo con labranzas y ganadería, cuyos pastos en las orillas eran considerados inmejorables para esta última actividad (Justo: 1998, p. 72). Asimismo el sistema lagunar de la región permitía un impresionante desarrollo de los mismos.

Los bosques de palo de tinte se encontraban en los sitios donde las tierras eran bajas y anegadizas, superficies donde se estancaba el agua, y en las orillas de los ríos donde la playa es borraba por la intrincada vegetación que se transformaba de manglar en arboleda imperceptible Para 1853 se afirmaba que de las varias regiones donde se producía palo de Campeche los terrenos de Palizada y Laguna de Términos eran los mejores, donde se daba el mejor cocido y sanidad del maderable (Vadillo:1994, p.28). Estas informaciones no son extrañas ya que las tierras de la región se caracterizaron por su fertilidad. De los terrenos que se encontraban podemos a grandes rasgos señalar dos, uno desde el Río Champotón hasta el Candelaria los cuales eran pedregosos en el fondo como todos los de las costas de la península de Yucatán, cubiertos de una profunda capa de suelo vegetal. El otro tipo va del río arriba mencionado hasta Tabasco, que eran de fondo arenisco, cubiertos por capas de tierra de aluvión y vegetal mezclados. Por su superficie se subdividían en barrosas y areniscas. La Isla del Carmen estaba formada por un suelo llano rico en humus que le daba una gran fertilidad, por lo que estaba cubierta de bosques de cocotales y diversas madera (idem, p.22).

Para el año de 1850 la Villa del Carmen era el punto de confluencia de los movimientos de población, las transacciones comerciales y los negocios políticos de lo que se dio en llamar “la región del palo de tinte”; por ese poblado se establecían diversas relaciones tanto humanas como monetarias, que daban el perfil del mercado interno regional y de la circulación de los bienes. En la Galería Pública se anudaban las relaciones sociales del Partido del Carmen; ahí, desde las cuatro de la mañana, se realizaban los diversos intercambios de productos, muchos de ellos transportados en canoas provenientes de los ranchos del Partido, con vacas, toros, aguardiente, azúcar, cerdos, miel de abeja, hortalizas y frutas, así como de volúmenes impresionantes de palo de tinte y maderas preciosas. Así mismo los intercambios reconocían la llegada de lugares regionales como Campeche, Veracruz y Tabasco -donde los dos primero proveía de maíz a la región- y de lugares inalcanzables para la imaginación de muchos de sus pobladores tales como New Orleans, New York, el Rhín, Milán, Alsacia y Lancashire; asimismo los productos comerciados en la la Galera Pública alcanzaban puertos como el de Campeche, Veracruz, New Orleans, New York, Liverpool y el Havre, entre otros. El movimiento de intercambio de mercantil entre el Partido del Carmen y otras regiones fue posible por los productos que se obtenían de la comercialización al extranjero del palo de tinte, así se logró financiar las importaciones de productos nacionales y extranjeros demandados por la población de las comunidades de la región. La lejanía o cercanía del origen de los productos imponía los precios de los mismos, y como es de esperarse algunos tan sólo iban dirigidos a una pequeña oligarquía bien posicionada de las relaciones productivas y comerciales, mas la varianza de precios estaba regida por la carestía de los productos indispensables (como la homogenización de precios a falta de maíz) y la abundancia de bienes sin necesidad de consumo local, como el tinte, lo cual hacia sumamente atractiva la inversión de capital de otras regiones (idem, pp.91-98).

Dentro de la oligarquía que controlaba el comercio de palo de tinte se pueden citar aquellas que sin duda disfrutaban de los paseos en la Plaza de Jesús, donde familias relacionadas a esta actividad como la Ferrer, Paullada, Badía, Azcue, Repeto, Requena, Trueba, Johnson, Montero, Nieves, Preciat y Gual se codeaban con los políticos de la Isla, entre ellos el General Tomás Marín, Don Jorge Shiels, Don José María Regil, Don José Rosario Gil, Don Ignacio Fons Cantarell así como Don Perfecto y Don Pilar Vadillo. Muchos de los primeros saldrán de la Villa a partir de la catástrofe incendiaria de 1853, donde se perdieron alrededor de 300 casas de la ciudad. Asimismo, buena parte de su actividad era llevada en le puerto de Campeche, mas el del tiente debía ser lagunero. Esta oligarquía no era homogénea, si bien tenía intereses mercantiles comunes, las diferencias de partidarismos surgían motivados por el interés comercial, cuya conquista durante el México postcolonial se había concentrado en primera instancia de las poblaciones del sur de Veracruz y para la segunda mitad del siglo XIX entrar sin trabas al tráfico de productos hacia Estados Unidos, América Latina y Europa. Este objetivo les fue impuesto por un mercado mundial que demandaba las materias primas de la región así como de la creciente población demandante de los insumos básicos tradicionales y de los productos industriales del siglo, por lo que enfrentaron los designios federales en puntos como la libre comercialización entre Campeche y el Carmen, así como de Campeche al resto del Golfo de México y obtener beneficios tributarios por la exportación del tinte que les permitiera incrementar el erario municipal (idem, pp. 131-156). De la fisonomía de la Villa -cuya traza aparece en 1763- aún se conservan hechos arquitectónicos heredados de la época del tinte; en Ciudad del Carmen hoy día ocupan parte de las colonias Centro y Guanal (cuyo nombre lo debe a que sus techos estaban construidos por dicha palma y que fueron devastados en el incendio antes mencionado, era la colonia de pescadores y marineros, inmigrantes del Barrio de San Román, Campeche), que constituyeron el primer asentamiento de la localidad y cuyo centro urbano estuvo en el área que ocupan el parque Juárez, la Iglesia de Jesús y calles aledañas (Villegas, 2000, pag. 15). Por otro lado se sabe que la formación de sitios, ranchos y haciendas en el Partido del Carmen inicia con la primera licencia de extracción en 1751. El despoblamiento relativo del Partido de la Región de Laguna de Términos desde mediados del siglo XVI evitó que en él hubieran posesiones indígenas de carácter comunal, por lo tanto la colonia siempre las consideró como realengas, por lo que quien buscaba ocuparlas tenía que buscar la concesión del gobierno virreinal. En el México del XIX las formas de posesión se concentraron en el arrendamiento y la compra de terrenos cuyos usos se concentraron en la extracción de palo de tinte, agrícola y ganadero.

Esta forma productiva trajo, como señalamos arriba, nuevas formas de producción y reproducción social que dejaron huella en la historia regional y de quienes la vivieron en carne, es así como a mediados del siglo XIX, en los ranchos Anizán, Polvoxal, y Santa Cruz, así como en las haciendas Candelaria, Dolores y San Gerónimito, el trabajo de corte de palo de tinte era organizado por el mayordomo o capataz de la hacienda, a partir de cuadrillas de cortadores con un número variable de seis a veinte en cada una, al frente de la cual iba el capitán de tinteros, la opción laboral comienza a echar mano de los tintes del sistema mundo capitalista que en esos entonces proponía diferentes formas de adquirir la fuerza de trabajo, es así como la tradicional escasez de mano de obra, provocó que las formas de atracción y sujeción de los trabajadores, para mantener su número y para aumentarlo, adquirieron tres tipos de modalidades: los asalariados (con salarios mensuales, fijos o montos marcados por la costumbre para el tipo de trabajo), los sirvientes por tarea (laborando y cobrando por el número de horas por tarea) y los luneros (al parecer sólo existieron en la hacienda Candelaria, cuya obligación era trabajar gratuitamente para el amo el día lunes) (Vadillo: op cit, pp 54-58). La vida económica, social y política en el Partido del Carmen en esos años se construyó sobre el trabajo asalariado por deudas y la consecuente explotación de sus habitantes. Los indígenas y mestizos, independientemente de su trabajo productivo, estuvieron atados casi de por vida a sus patrones, los cuales no en pocas ocasiones hicieron lujo de violencia simulando las supuestas recién liberadas consignas esclavistas. Muchos de estos trabajadores eran ya excluidos de otras regiones, muchos de ellos del norte de la península de Yucatán, que llegaron huyendo de la explotación de sus tierras comunitarias, ya sea por el avance de las haciendas maicero-ganaderas, azucareras o henequeneras, por su enrolamiento obligatorio en el ejército nacional para ir a la guerra de Texas, o por la devastación y la muerte masiva generada por la guerra de castas en 1848 (idem, pp.110-111). En la Villa del Carmen estos últimos se asentaron en lo que se conoce como el Barrio de Pueblo Nuevo (Sierra: op cit, p.22).


El recurso natural estimuló a tal grado las ambiciones regionales que canceló otras apuestas productivas, a pesar de que en 1886, Manuel M. Sandoval, prefecto entonces del Partido del Carmen afirmaba que “[…] En grande escala podrían cultivarse con resultado satisfactorio el maíz, frijol, arroz, cacao (con tan buenos resultados y abundancia que en Tabasco), tabaco, café, vainilla, goma elástica y otros frutos” (idem, p.25). Desde 1853 se sabía ya que los magníficos tintales habían desaparecido de las orillas del río Champotón y de las orillas de Laguna de Términos, a pesar de que la naturaleza había permitido la abundancia de este espécimen en casi todos los bosques. Este fenómeno tuvo causales antrópicos tan extractivo que no permitieron un repoblamiento (lo cual lleva su tiempo, pues el palo de tinte requiere de alrededor de 20 a 25 años para lograr una edad aprovechable) así como los constantes incendios forestales ocasionados por quemas de praderas que en ocasiones perturbaban los bosques (idem, pp.27-28). Es así como desde mediados del siglo XIX se plasma en la historiografía los efectos de una interacción poco propicia para mantener las condiciones ecológicas predominantes de la región; comienza un fuerte y precipitado cambio en la fisonomía de Laguna de Términos, el cual en el siglo XX tendrá una velocidad impresionante ya que los métodos de aprovechamiento serán cada vez más sofisticados y eficaces.

Para finalizar y dar cuenta de la suerte que correría toda la construcción sociocultural alrededor del tinte, citaremos a Don José M. Regil (Vadillo: op cit, p.28) que en 1853 ya situaba dos problemas profundos de esta forma extractiva de producción maderable, señalando que “La naturaleza había querido que los tintales que la civilización encontró en las playas, fuesen como ellas eternos, y lo hubieran sido con sólo que el hacha del cortador, económica e inteligente, hubiera querido aguardar que el árbol cumpliese sus destinos, de crecer y robustecerse, de esparcir sus semillas y morir luego para dar al hombre un tributo, después de haberle dejado numerosa sucesión, que a los trece o catorce años, habría proporcionándole igual provecho. Pero no ha sido así, y la especulación con voracidad destructiva, ha cortado sin discreción y sin tino, logrando casi extinguir tan segura como espontánea riqueza. Y en efecto, han desaparecido ya los magníficos tintales de las orillas del Champotón, desaparecidos están los de las orillas de Palizada y de la Laguna de Términos, y terminarán por extinguirse todos, al menos para el comercio, cuando teniendo que bajar el preciosos fruto desde muchas leguas, sus enormes costosa lo privan de la demanda europea que ya desde ahora propende a sustituir sus tintes con algunos compuestos químicos” . Estas líneas muestran los efectos del ingreso al sistema mundo capitalista de la región maya-chontal, que transformó manejos tradicionales locales y esporádicos en internacionales con valoración económica tan significativa que ocluyó a la vista de la historia otras formas de significación, posibilitando el usufructo del palo de campeche a tal grado que la fisonomía de la región jamás volverá a alcanzar los índices de biodiversidad de aquellos siglos; así mismo, las formas de relación se constriñeron a las privilegiadas por las elites de poder, las cuales irán especializando y transformando sus mecanismo a partir de las demandas de acumulación de capital y las transformaciones sociales venideras, con las adecuaciones que le caracterizan para continuar en un proceso de larga duración que alcanzó a consolidar desde su más incipiente aparición. Por otro lado, la crisis de este proceso productivo muestra fehacientemente la relación saber-poder y sus determinantes ecológicas, donde la última comenzó a dar las pautas para que la tecnología desarrollara novedosos caminos para consolidar las vías de flujo y acumulación de capital, privilegiando a quien en su momento se encontraba en posición de fomentar las sustituciones adecuadas sin menoscabo de las utilidades generadas para cierta población geopolíticamente referenciada en los países del llamado centro, llevando entre su desdén a un número considerable de población regional, que en esos entonces se calculaban en alrededor de 5,332 en Cd. del Carmen y en Palizada de 839 para el año de 1870.